Competitividad en el trabajo. Claves para evitar que se convierta en un problema

Es habitual que pensemos que la competitividad en el trabajo es algo bueno, que nos lleva a ser mejores en nuestro trabajo y seguir desarrollándonos a nivel profesional. Pero lo cierto es que más a menudo de lo que pensamos, esa misma competitividad llevada al extremo puede derivar en conductas negativas, como el mobbing, y un ambiente de trabajo destructivo. En esta guía vamos a explicar cómo lograr una competitividad laboral positiva.

La competitividad laboral

El trabajo es uno de los lugares donde más tiempo pasamos y encontrarnos un buen ambiente allí no es solo fundamental para nuestro rendimiento, sino que también lo es para la productividad de la empresa. La competitividad es algo prácticamente inherente al ser humano —seguro que todos hemos oído aquello de que «el ser humano es competitivo por naturaleza»— y en general, la competitividad entre trabajadores no está vista como algo malo. Sin embargo, la cosa cambia cuando esa competitividad laboral se vuelve agresiva.

Cuando algunos o todos los empleados de una empresa luchan entre ellos para destacar por encima de los demás para conseguir un ascenso, un puesto de trabajo mejor o un incremento salarial —por poner unos ejemplos— y la competitividad se vuelve agresiva, se pueden producir comportamientos y actitudes nocivas, como atacar a los compañeros o caer en el acoso laboral (mobbing), que enrarecerán el ambiente de trabajo, volviéndolo hostil y afectando para mal a la empresa y su productividad.

Claves para lograr una competitividad laboral positiva

Puesto que la competitividad entre trabajadores bien entendida puede traer buenos resultados a la empresa, lo importante aquí es convertirla en algo positivo y evitar que llegue a extremos peligrosos. Para ello, la dirección será la encargada de establecer unos límites a sus empleados y evitar así que caigan en comportamientos nocivos con otros compañeros.

Desde el punto de vista de los trabajadores, esas claves serían:

  • No menospreciar el trabajo de los demás. Puede que juzguemos que nuestra forma de trabajar es la mejor y más adecuada, pero es muy probable que no todos compartan nuestra opinión y hay que respetarla.
  • Ser conscientes de que la competitividad laboral debe tener un límite, porque trabajamos para vivir, pero no vivimos para trabajar y a veces es bueno dejar de ir con un ritmo acelerado.
  • No ser perfeccionista de manera obsesiva. El perfeccionismo es uno de los factores incluidos en la competitividad. Nadie pone en duda que haremos nuestro trabajo lo mejor posible, pero obsesionarnos con que todo sea siempre perfecto puede derivar en frustraciones innecesarias.
  • Controlar los tiempos. La competitividad puede llevarnos a perder nuestro control horario y hacernos dedicar más horas a la actividad laboral para lograr destacar por encima de los demás, con la consecuencia de dejar a un lado nuestra vida familiar y tiempo de ocio.
  • Evitar el mobbing. El acoso laboral puede ser una consecuencia más de la competitividad laboral negativa llevada al extremo, provocando ataques, menosprecios o marginación de compañeros, que pueden acabar abandonando la empresa.

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¿Cómo conseguir que la competitividad sea una herramienta de mejora para la empresa?

Esos límites podremos marcarlos como actitudes positivas y convertirlos en herramientas para mejorar no solo el ambiente de trabajo dentro de la empresa, sino la propia empresa en sí, convirtiéndola en lugar donde los trabajadores se sientan cómodos entre ellos, incluso cuando compitan entre sí. La clave está en lograr una competitividad positiva.

Fomentar el respeto entre los compañeros

Asegurarnos de que los trabajadores se respetan entre ellos es un punto fundamental para mantener un buen clima de trabajo. No podemos permitir que en aras de alcanzar ciertos objetivos antes que otros, se pongan zancadillas y trabas, como menospreciar la forma de hacer una tarea o una opinión relacionada con ello. Como jefes, procuraremos no premiar o elogiar a trabajadores cuyas actitudes sean evidentemente negativas respecto a sus compañeros, pese a que, aparentemente, hayan logrado alcanzar los objetivos impuestos. Como trabajadores, procuraremos respetar a nuestros compañeros tanto como profesionales como personas, así como escuchar sus opiniones.

Organizar trabajos en equipo que promuevan la cooperación

Una buena forma de fomentar una competitividad sana es promover el trabajo en equipo donde los trabajadores tengan que cooperar entre ellos para lograr los objetivos a alcanzar. Aunque aquí habría que vigilar que el reparto de tareas sea lo más justo posible y que no se tienda a las individualidades, lo cierto es que los trabajos en equipo pueden ayudar a cohesionar al grupo al tener que trabajar por un objetivo en común, sobre todo si la recompensa final es la misma para todos (ya sea la existencia de un incentivo o el simple agradecimiento por un trabajo bien hecho).

Para que esto funcione se debe evitar señalar individualidades e incidir en la importancia del resultado obtenido como equipo.

En este sentido podría ser interesante realizar actividades en equipo fuera del ámbito laboral o aplicar técnicas de gamificación, ya que los juegos tienden a fortalecer la cultura de la empresa e incrementar la motivación y el espíritu de competencia, pero de formas más sanas.

Desaprobar la calumnia y el descrédito

No permitir que las mentiras se propaguen por la empresa, sobre todo respecto a otros compañeros, es otro puntal fundamental para atajar la competitividad negativa y, de paso, ir poniendo coto al mobbing. Castigar estos comportamientos será una de las mejores decisiones que podremos tomar al respecto.

Promover el elogio entre compañeros

El reconocimiento entre los trabajadores es una buena forma de determinar el ambiente laboral de la empresa. Fomentar estas actitudes no estará de más.

Todos los miembros del equipo deben tener las mismas oportunidades

Debemos procurar que todos nuestros trabajadores tengan las mismas oportunidades de desarrollarse profesionalmente y ser competitivos de una manera positiva, para ello tendremos que darles tiempo, tareas, proyectos, desafíos, etc., y reconocer los logros por igual de cada uno de ellos.

CONSEJO DE ASESORIAS.COM

“Una competitividad positiva es clave para conseguir un buen ambiente laboral en la empresa.”

Una competitividad laboral excesiva puede derivar en mobbing

En las líneas anteriores hemos mencionado ya varias veces el mobbing o acoso laboral y cómo la competitividad extrema puede derivar en ese tipo de conducta nociva.

Aunque hay diferentes tipos de mobbing y puede producirse tanto entre compañeros a un mismo nivel como entre empleados y superiores, el que puede derivar de una competitividad negativa radica más en la envidia. Si una persona excesivamente competitiva ve cómo otro compañero se lleva elogios y reconocimientos por su trabajo, puede marcarlo como alguien a «destruir» o echar de la empresa. Y lo que es peor, el comportamiento del acosador puede extenderse a otros compañeros, de manera que la víctima quede aislada.

La responsabilidad para evitar llegar a estos extremos recae en la dirección de la empresa, que tendrá la labor de sancionar al acosador o acosadores, así como elaborar un documento de carácter preventivo en el que se informe de que no se tolerará ningún tipo de acoso o conducta que derive en acoso.

Esperamos que esta guía para promover la competitividad positiva en vuestra empresa os haya sido de utilidad. Como siempre, os recordamos que para cualquier duda, podéis contar con la ayuda de un buen asesor laboral para resolverla.